septiembre 11, 2026

Cambiar el enfoque opositor: Gustavo A Vicencio

0

“El gran desafío: no es unir al PRI y al PAN, 

es convencer a los ciudadanos”

Raúl Monter

      La reflexión de Raúl Monter, publicada en arjenoticias.com, pone sobre la mesa una pregunta que la oposición mexicana ya no puede seguir evadiendo: ¿el problema es realmente la alianza entre el PRI y el PAN o el verdadero problema es que ninguno de los dos ha logrado construir un mensaje capaz de entusiasmar nuevamente a los ciudadanos? La respuesta puede estar en ambas cosas, pero especialmente en una: la oposición todavía no ha podido neutralizar el relato que morena construyó sobre ella. Las nuevas generaciones tienen una particularidad que la oposición parece no haber entendido. Muchos jóvenes no vivieron el PRI hegemónico, autoritario y corrupto. Tampoco vivieron directamente la decepción que significó para muchos mexicanos el PAN en el gobierno. Pero, aunque no vivieron esas épocas, sí recibieron una versión de ellas.

      Durante años, el morenismo ha machacado una idea hasta convertirla en una categoría política: “el PRIAN”. Una palabra diseñada para que PRI y PAN sean percibidos como adversarios históricos y se conviertan, ante las nuevas generaciones, en integrantes de una misma clase política responsable de todos los males del pasado. El relato es sencillo y poderoso: el PRIAN representa a los neoliberales, a los privilegiados, a quienes gobernaban para unos cuantos. Morena, en cambio, sería el movimiento que mira a los pobres, entrega programas sociales y pone primero a quienes menos tienen. No importa que la realidad sea mucho más compleja. La política no se gana solamente con argumentos; también se gana construyendo percepciones. Y ahí la oposición está perdiendo. Por eso, responder simplemente que “Morena es mucho más corrupta que el PRI y el PAN” no alcanza. Denunciar los escándalos del oficialismo es indispensable, pero insuficiente. El ciudadano necesita saber qué recibirá a cambio. La oposición debe dejar de defender su pasado y empezar a conquistar el futuro.

      ¿Cómo? Primero, reconociendo sin complejos sus errores. El PRI debe admitir su pasado autoritario y corrupto. El PAN debe reconocer que cuando tuvo la oportunidad de demostrar que podía gobernar de manera radicalmente distinta, muchas veces no estuvo a la altura de las expectativas. Negar los errores solamente confirma la percepción de que nada ha cambiado.

      Segundo, debe desmontar la mentira de que defender la iniciativa privada, la propiedad privada, la libertad económica y el Estado de derecho significa defender privilegios. La verdadera alternativa debe demostrar que la propiedad privada no es privilegio: es patrimonio; que la empresa no es enemiga del pueblo: genera empleos; que el éxito económico no debe castigarse: debe multiplicarse; y que los programas sociales pueden ser necesarios, pero nunca deben sustituir la creación de oportunidades. La oposición debe hablarle al joven que quiere emprender, al trabajador que quiere ganar más, a la familia que quiere un ambiente donde pueda crecer en valores éticos, al estudiante que quiere encontrar empleo y al ciudadano que quiere vivir sin miedo. No se trata de quitarle al pobre lo que recibe. Se trata de preguntarle: ¿por qué un gobierno tendría que conformarse con darle una ayuda cuando puede crear las condiciones para que tenga ingresos suficientes para no necesitarla? Por ahí debería de ser el nuevo discurso.

      Tercero, lo más complicado, que los líderes y estructuras partidistas dejen a un lado sus intereses, legítimos y no, a fin de sentarse a dialogar, a analizar, a construir a reconocer fuerzas y debilidades. No todo es repartir candidaturas. Si de eso se trata, poco futuro habrá. Una alianza PRI-PAN solamente tendrá sentido si deja de parecer un acuerdo entre dirigencias para repartirse candidaturas. Una alianza de partidos no entusiasma; una alianza alrededor de una causa sí. La oposición necesita abrir sus puertas a ciudadanos, jóvenes, emprendedores, académicos, trabajadores y liderazgos sociales. Necesita nuevas caras, nuevas ideas y, sobre todo, una nueva actitud. Porque el desafío no consiste únicamente en convencer a los ciudadanos de que morena se equivoca. Consiste en convencerlos de que hay algo mejor esperándolos al otro lado de la boleta.

      El PRIAN es una etiqueta creada para condenar a la oposición a su pasado. La respuesta no debe ser discutir eternamente sobre el pasado. Debe ser construir un futuro tan atractivo que los jóvenes puedan decir: “No sé lo que fueron el PRI y el PAN. Pero sí sé el México que quiero.” Ahí comienza la verdadera reconstrucción de la oposición.

About The Author

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *