septiembre 7, 2026

¡AGUAS CON LOS SUSURRADORES!

0

La historia suele recordar a quienes ocupan el escenario: presidentes, gobernadores, legisladores, líderes partidistas y personajes que hablan fuerte, aparecen en las fotografías y reivindican públicamente el poder. Pero detrás de ellos existe otra dimensión mucho menos visible: la de quienes observan, escuchan, acumulan información y esperan el momento preciso para utilizarla.

Joseph Fouché, el célebre ministro de Policía de Napoleón, entendió esa lógica mucho antes de que existieran las redes sociales, las bases de datos y la inteligencia digital. Su verdadera fuerza no estaba en las armas, sino en saber quién sabía qué, quién debía favores, quién tenía debilidades y quién podía convertirse mañana en adversario. Mientras los gobernantes cambiaban, Fouché permanecía.

Ahí está la lección que México debería tomar con seriedad.

Hoy también existen “susurradores”: operadores que rara vez aparecen en primera fila, pero que construyen redes, administran información, acercan a unos y alejan a otros, filtran versiones, generan rumores y, sobre todo, conocen las vulnerabilidades de quienes ocupan posiciones de poder.

El problema no es que exista información política. El problema comienza cuando la información se convierte en mecanismo de control, chantaje, intimidación o impunidad.

La democracia necesita transparencia; los susurradores necesitan opacidad. Las instituciones requieren reglas; ellos prefieren acuerdos informales. La ciudadanía necesita certezas; ellos prosperan en la incertidumbre.

Por eso resulta particularmente vigente aquella expresión mexicana de origen virreinal: “¡Aguas!”. Originalmente era una advertencia para quien caminaba por la calle y podía recibir desde un balcón las aguas sucias que se arrojaban sin aviso. Hoy podría convertirse en una metáfora política perfectamente contemporánea:

¡Aguas con los susurradores!

Porque el peligro no siempre viene de quien grita, amenaza o confronta públicamente. A veces proviene de quien permanece callado, observa desde la penumbra y acumula información.

Fouché demostró que quien controla el secreto puede sobrevivir a los cambios de régimen. México no debería permitir que esa lógica se convierta en una forma institucionalizada de ejercer el poder.

La democracia no puede estar gobernada por rumores, expedientes ocultos ni favores clandestinos.

Cuando el poder deja de rendir cuentas y empieza a susurrar, es momento de encender la luz.

About The Author

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *