La 4T y la prensa de Porfirio: Andrés Amaro
La tensión que provoca el cambio social suele generar, contra quienes lo impulsan, campañas de desprestigio. Es la reacción de grupos o sectores que fueron beneficiarios del estado de cosas que se está dejando atrás. Buscan retornar al paisaje que, desde la ventana, miran alejarse, montados en un autobús del que quisieran bajarse. Pretenden obstruir las modificaciones. O por lo menos orientarlas hacia una situación que sea lo más parecida a loanterior.
Para nuestro país, el referente paradigmático de este fenómeno es el Presidente Francisco I. Madero (1910-1913), héroe e iniciador de la Revolución. Fue víctima de un Golpe de Estado (Decena Trágica, 1913), antecedido por agresiones y mentiras de la prensa del porfirismo.
El legado del Presidente Madero fue un gran movimiento, la Revolución Mexicana (1910-1917), de cuya culminación derivaron cambios que, aún con contradicciones e insuficiencias, salvaron a México de anacronismos y malformaciones padecidos después por otros países de América Latina.
En México, la institucionalización de las fuerzas revolucionarias, disolviendo a los federales porfirianos, le dio al Ejército Nacional una base popular de configuración (1925-1931). En esta característica radica aún su institucionalidad. También explica su impermeabilidad frente a proyectos de desestabilización, estimulados por las preocupaciones de los sectores medios y altos. Durante los años 70, el origen de Clase Media y Media-Alta característico de la Oficialidad de las Fuerzas Armadas en países como Chile, Argentina, Brasil y Uruguay dio lugar, en buena parte, al surgimiento de Dictaduras.
En la etapa contemporánea, Chile no ha logrado constituir el sistema de educación gratuita y laica que México había establecido desde 1867 pero que instaló como un derecho a partir de la Constitución de 1917. Chile, Perú y Argentina mantienen aún la tradición de que sus Presidentes participen en un Te Deum después de su investidura. Esa práctica muestra la ambigüedad con que ahí se vive la separación Iglesia-Estado, un reto que debía haberse resuelto en el Siglo XIX.
Estos contrastes permiten dimensionar la resistencia que el perfilamiento de cambios originó en México durante el período revolucionario. Así como la naturaleza e intensidad de las agresiones generadas por los perdedores contra los héroes de la Revolución.
La prensa industrial de entonces, de espíritu no muy diferente a la de hoy, hizo circular la versión de que el General Francisco Villa, en su momento de plenitud política, había ordenado la fabricación, para su uso exclusivo, de un sanitario de oro.
Dicha prensa divulgó también la especie de que el Presidente Carranza, escuchando el ladino canto de sirena de los inversionistas extranjeros del Ferrocarril, había aceptado la creación de un vagón de lujo para sus traslados.
Todo este repaso es oportuno para contextualizar históricamente el reciente llamado de la Presidenta de la República, Claudia Sheinbaum, durante su II Informe de Gobierno, respecto a la obligación moral de Políticos y Servidores Públicos de conducirse con austeridad.
Es real que actores de Régimen han mostrado conductas o preferencia por el empleo de objetos o servicios asociados al lujo. Políticamente, no es relevante si lo han hecho con recursos obtenidos legítimamente. Dichos gestos tienen un significado que se encuentra en uno de los lados del debate sobre la desigualdad.
Ello muestra, por otro lado que quienes impulsan políticas contra la inequidad no logran sustraerse de patrones de consumo vinculados a la demostración de status. El fenómeno es tan complejo y contradictorio como el propio ascenso de la 4T en México desde 2018: ¿cómo un planteamiento colectivista ha logrado triunfar en un momento de abrumadora plenitud global del individualismo y el aspiracionismo?
