septiembre 9, 2026

LA NUEVA ESCUELA MEXICANA ESTÁ REPROBADA

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Los peores resultados de México en PISA desde 2009 llegan bajo la Nueva Escuela Mexicana.

La respuesta oficial fue celebrarlos.

«Para que una tecnología triunfe, la realidad debe prevalecer sobre las relaciones públicas, porque a la naturaleza no se le puede engañar.»

—Richard Feynman, Informe de la Comisión Rogers sobre el desastre del Challenger, 1986

EL RESULTADO DEL LERO LERO MAROMERO

La Nueva Escuela Mexicana se vendió como transformación de fondo, y su defensa pública estuvo a la altura del proyecto. En agosto de 2023, la encargada de presentar los libros de texto oficiales los defendió, ante la prensa, bailando: brincaba cantando «yo me saco 10 y tú te sacaste 5, lero lero maromero» para ridiculizar al estudiante que compite y se esfuerza.

Uno de esos materiales se titula, sin ironía, Un libro sin recetas, y presume abandonar «el saber acabado, rígido». No fue un exabrupto aislado: fue la declaración de principios de una reforma que confundió renunciar al rigor con superarlo. El baile puso en escena lo que la boleta confirmaría dos años después.

Toda reforma educativa termina, tarde o temprano, frente a un examen que no organiza el gobierno que la firmó. La Nueva Escuela Mexicana rindió hoy el suyo. El resultado —los números de PISA 2025, publicados este 8 de septiembre por la OCDE— no admite adjetivos amables: son los peores puntajes de México en matemáticas y en lectura desde que existe la serie moderna.

Y la respuesta oficial, ofrecida esa misma mañana desde el atril de Palacio Nacional, no fue una autocrítica ni un plan. Fue una celebración. Ahí está, otra vez, la distancia entre la demagogia y la realidad.

LOS NÚMEROS NO MIENTEN

Conviene fijar los hechos antes de que el ruido los sepulte. México obtuvo 388 puntos en matemáticas, 408 en lectura y 414 en ciencias: en las tres áreas, por debajo del promedio de la OCDE, que fue de 463, 461 y 482. El rezago en matemáticas —setenta y cinco puntos— equivale a cerca de dos años de escolaridad. En las tres áreas quedamos también por debajo de Chile y de Uruguay; en lectura y ciencias, además, por debajo de Costa Rica. México dejó de ser referente regional para volverse su retaguardia.

La trayectoria pesa más que la fotografía. En matemáticas caímos de 419 puntos en 2009 a 388: treinta y un puntos, y la caída más reciente es de las pocas que la OCDE clasifica como estadísticamente significativa.

En lectura, cinco descensos consecutivos desde 2009 —de 425 a 408, diecisiete puntos— sin un solo repunte en dieciséis años.

1.Ciencias es la única excepción, y conviene no exagerarla: subió cuatro puntos respecto de 2022, un cambio que la propia OCDE considera no significativo, y sigue por debajo de su nivel de 2018. Ninguna reforma dobló esas líneas. Ni la de Peña Nieto, ni la que hoy se defiende con tanta fe.

Y el dato que debería quitar el sueño a cualquier gobierno serio: 41.8 por ciento de los estudiantes no alcanzó el nivel básico en las tres materias a la vez, más del doble del promedio de la OCDE, que fue de 19.7. En matemáticas, apenas tres de cada diez llegaron a la competencia mínima, frente a dos terceras partes en los países de la organización. No hablamos de excelencia truncada. Hablamos de una mayoría sin el mínimo funcional para leer, calcular o razonar. Una generación entregada sin herramientas.

LA REFORMA QUE SE BLINDÓ CONTRA LA EVALUACIÓN

La Nueva Escuela Mexicana se vendió como transformación de fondo: nuevos libros, nuevos contenidos, otra forma de educar. Cuando surgieron dudas, la instrucción presidencial fue tajante: los libros «no van a cambiar», declaró Sheinbaum en febrero, y la NEM se ratificó como pieza intocable del proyecto. Se le concedió el rango de dogma antes de tener un solo resultado que la avalara.

PISA 2025 es la primera evaluación internacional aplicada bajo ese modelo. No juzga a la NEM en pleno —la cohorte examinada se formó casi toda con el plan anterior—, pero sí fija la línea base contra la cual se medirá todo lo que venga. Y esa línea base es la más baja de la historia moderna en dos de tres competencias. Ese es el punto de partida que la Cuarta Transformación heredó a sí misma. Un gobierno honesto lo diría así. El que tenemos hizo lo contrario.

LA MAÑANERA COMO NEGACIÓN DEL ESPEJO

La presidenta no ignoró los resultados: los reinterpretó hasta volverlos su opuesto. El método merece desmontarse pieza por pieza, porque es el mismo con que este régimen procesa cualquier dato incómodo.

 Primero, la invención del elogio. Sheinbaum sostuvo que PISA contiene «un reconocimiento» al modelo mexicano, al papel de los maestros y al «deseo por cuestionar» de los estudiantes, «algo muy especial de la Nueva Escuela Mexicana». PISA no reconoce nada de eso: mide desempeño en matemáticas, lectura y ciencias, y el desempeño mexicano se derrumbó. Atribuir a un informe una alabanza que no contiene no es interpretar; es fabricar.

 Segundo, la selección del dato conveniente. Se aferró a los cuatro puntos que ciencias ganó respecto de 2022 como prueba de la bondad de la reforma. Omitió que la propia OCDE considera ese cambio estadísticamente no significativo —ruido, no tendencia—, que ciencias sigue por debajo de su registro de 2018 y que es, históricamente, la materia donde México nunca avanzó. Se celebra el único indicador que no cayó de manera dura, mientras se callan los dos que sí: el que se desplomó con significancia estadística y el que acumula cinco descensos consecutivos. Eso no es leer los datos.

Es escogerlos.

 Tercero, el descrédito del instrumento. «La misma prueba para todos los países siempre tiene sus limitaciones», dijo. Es el viejo reflejo: cuando el termómetro marca fiebre, se cuestiona el termómetro. Curiosamente, las limitaciones solo aparecen cuando el resultado incomoda; los años en que México presumía avances, PISA era autoridad indiscutible.

 Cuarto, la coartada del contagio universal. «Bajó en todos los países de la OCDE», y en México «su disminución es mucho menor». Es cierto que hubo caída global. Pero el escándalo mexicano nunca fue la magnitud de la caída reciente: es el nivel absoluto. Un país que ya estaba en el sótano puede caer poco simplemente porque casi no le queda hacia dónde caer. Presumir que se hundió menos que los demás, estando ya en el fondo, no es consuelo: es cinismo estadístico.

LO QUE LA DEMAGOGIA CUESTA

El problema de fondo no es retórico. Cada mañanera que convierte un fracaso en triunfo compra tiempo para no actuar. Si el sistema «es sólido», si la prueba «tiene limitaciones», si «todos cayeron», entonces no hay nada que corregir, y los cuatro de cada diez adolescentes sin piso quedan condenados a repetir el examen —el de la vida— con las mismas carencias. La negación no es un vicio del discurso: es una política pública por omisión.

México no necesitaba que su presidenta encontrara un reconocimiento inexistente en un informe demoledor. Necesitaba que mirara el espejo y nombrara lo que ve. La Cuarta Transformación prometió cambiarlo todo y blindó su reforma educativa contra la crítica antes de conocer sus frutos. Los frutos llegaron. Son los peores de la serie. Y la respuesta fue aplaudir.

Esa distancia —entre lo que los números dicen y lo que el poder afirma que dicen— tiene un nombre viejo y exacto. Se llama demagogia. Y esta vez la pagan, con su futuro, carretadas de muchachos de quince años.

Hay una línea recta entre aquel baile de 2023 —el «lero lero maromero» con que se defendió la reforma— y la mañanera de este martes, donde se celebró el naufragio. En ambos extremos, el mismo reflejo: reemplazar la evidencia por el espectáculo, el método por la ocurrencia, el espejo por la mueca. Cambió el escenario y subió el rango de quien actúa; la coreografía es idéntica.

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