El 74% percibe inseguridad, que no puede ignorar el gobierno
Hay cifras que no necesitan interpretación política para provocar preocupación. Una de ellas es la que revela la Encuesta Nacional de Victimización y Percepción sobre Seguridad Pública (ENVIPE) 2026 del Inegi: 74 por ciento de la población de 18 años y más percibe inseguridad en México.
Tres de cada cuatro adultos viven, entonces, con la sensación de que el país no es un lugar suficientemente seguro. Y aquí aparece la primera pregunta incómoda: ¿qué tan lejos está el discurso oficial de seguridad de la realidad que perciben millones de mexicanos?
Porque la seguridad pública no se mide únicamente con estadísticas de homicidios, detenciones, decomisos o despliegues de fuerzas federales. También se mide en algo mucho más cotidiano: la tranquilidad con la que una persona sale de su casa, toma el transporte público, lleva a sus hijos a la escuela, abre un negocio o regresa de trabajar por la noche.
El 74 por ciento es, por ello, mucho más que un número. Es un indicador de confianza ciudadana. Y cuando tres cuartas partes de los adultos manifiestan sentirse inseguros, el problema deja de ser exclusivamente policiaco: se convierte en un desafío político, institucional y social.
El gobierno puede presentar avances, programas, estrategias y cifras positivas. Pero si la percepción ciudadana no cambia, algo está fallando en la comunicación, en los resultados o en ambas cosas.
Tampoco sería responsable utilizar este dato para afirmar que todo está peor que antes. La percepción de inseguridad y la incidencia delictiva son fenómenos relacionados, pero no idénticos. Precisamente por eso las autoridades tienen la obligación de explicar con claridad qué está funcionando, dónde están los avances y cuáles son los territorios donde la inseguridad continúa siendo una asignatura pendiente.
La pregunta de fondo es sencilla: ¿puede un gobierno hablar de transformación mientras 74 por ciento de los adultos mexicanos sigue sintiéndose inseguro?
La respuesta no está en la propaganda ni en el discurso. Está en recuperar calles, colonias y comunidades para los ciudadanos.
Porque la seguridad no se decreta desde un escritorio. Se siente —o no se siente— cuando se cierra la puerta de casa y comienza la vida cotidiana.
Y ese 74 por ciento merece una respuesta mucho más contundente que cualquier discurso político.
Irá viniendo, iremos viendo si Sheinbaum acepta esta realidad o prefiere escudarse en su narrativa de la Mañanera
