Trump perdió el congreso no la presidencia: J. Ricardo Valero G

La victoria demócrata no significa una amnistía para los narcopolíticos mexicanos
Hay quienes en México celebran los resultados de las elecciones estadounidenses como si Donald Trump hubiera sido expulsado de la Casa Blanca, como si los demócratas hubieran conquistado la presidencia y como si Washington hubiera decidido olvidarse del narcotráfico y de sus posibles complicidades políticas al sur del río Bravo.
Conviene recordarles algo elemental: Trump sigue siendo presidente de Estados Unidos.
La victoria demócrata del 3 de noviembre de 2026 fue contundente. Los republicanos perdieron el control de ambas cámaras del Congreso. Es una derrota política real, que tendrá consecuencias legislativas y limitará el margen de maniobra presidencial. Pero una cosa es perder el Congreso y otra muy distinta perder el Poder Ejecutivo.
Y aquí comienza lo verdaderamente interesante.
EL PARTIDO DEMÓCRATA NO ES MORENA
Uno de los errores más frecuentes del análisis político mexicano consiste en interpretar la política estadounidense con los mismos parámetros ideológicos que utilizamos en América Latina.
El Partido Demócrata no es propiamente un partido de izquierda socialista, al menos no en el sentido latinoamericano del término.
Es una organización extraordinariamente heterogénea, donde conviven socialdemócratas, progresistas, liberales, centristas y políticos moderados que, en determinados asuntos económicos, religiosos o de seguridad, pueden sostener posiciones cercanas al centroderecha.
Las elecciones de 2026 han demostrado precisamente esa diversidad.
Buena parte de las victorias demócratas en distritos competitivos correspondió a candidatos centristas. Los moderados del grupo Blue Dog consiguieron importantes avances, aunque también triunfaron numerosos progresistas. Por ello, sería incorrecto afirmar que todos los nuevos legisladores pertenecen a una misma corriente ideológica.
En Estados Unidos, además, ser liberal no significa necesariamente ser socialista. La defensa de las libertades individuales, la economía de mercado y las instituciones constitucionales forma parte de una tradición política que atraviesa ambos partidos.
Y hay algo más: un demócrata estadounidense no tiene por qué simpatizar con Morena, con el socialismo latinoamericano ni con los gobiernos que mantienen relaciones cuestionadas con organizaciones criminales.
LA DERROTA DE TRUMP NO ES UNA VICTORIA DEL NARCOTRÁFICO
La política estadounidense contra los cárteles mexicanos no depende exclusivamente de la composición partidista del Congreso.
Las investigaciones federales, las sanciones financieras, los procedimientos judiciales y la cooperación internacional contra las organizaciones criminales cuentan con instrumentos institucionales que sobreviven a las elecciones.
La administración Trump impulsó desde 2025 la designación de determinados cárteles como organizaciones terroristas extranjeras.
Esa decisión abrió nuevas posibilidades para perseguir sus estructuras financieras y sus redes internacionales, aunque no constituye una autorización automática para intervenir militarmente en México.
Por consiguiente, quienes imaginan que una mayoría demócrata representa un salvoconducto para los políticos eventualmente involucrados con el narcotráfico confunden sus deseos con la realidad institucional estadounidense.
Las acusaciones contra cualquier funcionario deben investigarse y probarse. Pero una elección legislativa no cancela investigaciones ni convierte a los sospechosos en inocentes.
MARCO RUBIO Y EL FACTOR 2028
Existe otro elemento que merece atención: Marco Rubio.
El secretario de Estado representa una corriente republicana particularmente interesada en América Latina, la seguridad hemisférica y la influencia de gobiernos autoritarios en el continente.
Su trayectoria política lo coloca entre las figuras que podrían desempeñar un papel relevante en la sucesión presidencial de 2028.
Una política exterior firme contra las organizaciones criminales transnacionales podría convertirse en uno de los elementos de su proyección pública.
Sin embargo, sería prematuro afirmar que Washington prepara una intervención militar en México o que existe una estrategia definida para perseguir a determinados políticos mexicanos.
Lo que sí existe es una política estadounidense de combate al narcotráfico que no desaparece con el triunfo electoral de los demócratas.
¿Y SI TRUMP CONCENTRA SU ATENCIÓN EN EL EXTERIOR?
Aquí surge una hipótesis interesante.
Con un Congreso controlado por la oposición, Trump enfrentará mayores obstáculos para desarrollar su agenda legislativa.
La política exterior, las relaciones diplomáticas y determinadas decisiones de seguridad nacional continuarán siendo espacios importantes de actuación presidencial, aunque sujetos a controles constitucionales, presupuestarios y judiciales.
No sería extraño que la Casa Blanca buscara preservar su influencia internacional mediante una política más activa en el continente americano.
Eso no significa necesariamente una intervención militar. Existen instrumentos diplomáticos, financieros, comerciales y judiciales capaces de ejercer presión sobre gobiernos y organizaciones criminales.
México, por su cercanía geográfica, sus vínculos económicos y la presencia de organizaciones transnacionales dedicadas al narcotráfico, continuará ocupando un lugar central en la agenda estadounidense.
LOS DEMÓCRATAS TAMPOCO SON DEFENSORES DE LOS CÁRTELES
Otro error consiste en suponer que los demócratas necesariamente se opondrán a cualquier acción contra las organizaciones criminales mexicanas.
La seguridad fronteriza, el tráfico de fentanilo, el lavado de dinero y la delincuencia organizada son asuntos que preocupan a legisladores de ambos partidos.
Existen diferencias importantes sobre migración, cooperación internacional, facultades presidenciales y uso de la fuerza, pero esas diferencias no equivalen a una defensa del narcotráfico.
Incluso un Congreso demócrata podría exigir mayor transparencia sobre las relaciones entre autoridades mexicanas y organizaciones criminales, siempre que existan elementos documentados que justifiquen una investigación.
MÉXICO NO DEBERÍA CONFUNDIR UNA ELECCIÓN CON UN INDULTO
Desde una perspectiva liberal en lo económico y conservadora en lo social, considero indispensable distinguir entre la alternancia democrática y la continuidad del Estado.
Los gobiernos cambian, los congresos se renuevan y los partidos ganan o pierden elecciones. Pero las instituciones, las obligaciones internacionales y los procedimientos judiciales no deberían depender de las simpatías partidistas.
La victoria demócrata representa un cambio significativo en el equilibrio político estadounidense. No representa, por sí misma, un cambio de régimen, una absolución de funcionarios mexicanos ni el abandono de la lucha contra las organizaciones criminales.
Quienes celebran la derrota republicana tienen razones electorales para hacerlo. Lo que no tienen es fundamento para convertir ese resultado en una garantía de impunidad.
Y quienes esperan una ofensiva estadounidense más intensa contra el narcotráfico tampoco deberían confundir una posibilidad estratégica con una decisión ya tomada.
En política internacional, las suposiciones no sustituyen a los hechos.
Trump perdió el Congreso, pero conserva la Presidencia. Los demócratas ganaron las elecciones, pero no se convirtieron por ello en aliados de Morena. Y los cárteles no recibieron ninguna amnistía electoral.
Sería conveniente que quienes festejan comprendieran esas diferencias antes de descorchar otra botella de champán.
Porque Washington podrá cambiar de mayorías parlamentarias, pero los problemas del narcotráfico, la corrupción y la seguridad hemisférica seguirán sobre la mesa.
Y ninguna celebración electoral podrá hacerlos desaparecer.
FUENTES CONSULTADAS
1. Reuters, 4 de noviembre de 2026. Democrats seize Congress in sweeping midterm repudiation of Trump. Resultados electorales y cambio de mayorías legislativas.
2. Associated Press, 4 de noviembre de 2026. The Latest: Voters give Democrats control of Congress in rebuke to Trump. Resultados, nuevas mayorías y consecuencias institucionales.
3. CBS News, 4 de noviembre de 2026. The 2026 blue wave, in charts. Análisis de resultados en estados competitivos y tradicionalmente republicanos.
4. Servicio de Investigación del Congreso de Estados Unidos (CRS), 2026. U.S. Foreign Policy in the Western Hemisphere: Issues for Congress. Designación de organizaciones criminales como terroristas, sanciones y facultades del Ejecutivo.
5. Registro Federal de Estados Unidos, 20 de enero de 2025. Orden Ejecutiva 14157, Designating Cartels and Other Organizations as Foreign Terrorist Organizations and Specially Designated Global Terrorists.
