septiembre 9, 2026

Mientras Morena camina, la oposición tuitea

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Mientras la presidenta recorre el país de norte a sur, plaza por plaza, municipio por municipio, construyendo presencia política y sumando respaldo en cada estado, la oposición parece seguir encerrada en su propia burbuja: la de las redes sociales, los comunicados y las reuniones entre los mismos de siempre.

El contraste no puede ser más evidente. De un lado, una presidenta que entiende que la política también se construye caminando territorio, mirando a la gente a los ojos y ocupando físicamente los espacios públicos. Del otro, una oposición que pretende ganar una partida nacional desde la comodidad de una oficina, confiando en que un mensaje viral sustituya el contacto con los ciudadanos.

El problema no es solamente de comunicación; es de estrategia.

La oposición entra al tablero con mentalidad de damas chinas: brincando de un lado a otro, buscando comerse al adversario de un salto, esperando que una ocurrencia en redes produzca el efecto de una campaña territorial. Pero la política nacional se parece mucho más al ajedrez: hay que conocer el tablero, anticipar movimientos, proteger las piezas importantes y, sobre todo, entender que no todas las partidas se ganan de la misma manera.

Mientras Morena mueve piezas en territorio, la oposición discute quién tiene más seguidores, quién obtiene más “likes” y quién logra colocar una etiqueta en las tendencias digitales. Y luego se sorprende cuando las encuestas, las plazas y las estructuras electorales no reflejan la realidad que imaginan desde sus teléfonos.

No se trata de negar la importancia de las redes sociales. Se trata de comprender que una elección no se gana únicamente en X, Facebook, TikTok o Instagram. Se gana también en las colonias, en los municipios, en las comunidades, en las universidades, en los centros de trabajo y, fundamentalmente, en la percepción cotidiana de los ciudadanos.

La oposición necesita dejar de jugar a la política como espectadora y comenzar a jugarla como contendiente.

Porque si insiste en entrar al tablero con mentalidad de damas chinas, tarde o temprano volverá a descubrir, quizá demasiado tarde, que enfrente no tiene un juego de saltos improvisados, sino una partida de ajedrez. Y en el ajedrez, quien no entiende las reglas termina entregando sus propias piezas.

La pregunta ya no es si la oposición puede competir.

La verdadera pregunta es si algún día decidirá salir de su burbuja para hacerlo.

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