septiembre 9, 2026

Birmex, la fábrica del desabasto : Vito Saint Germain

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Ninguna otra dependencia mexicana ha acumulado tantos fracasos consecutivos en una función tan elemental: comprar medicinas y entregarlas a tiempo.

Hay organismos públicos que fracasan. Birmex convirtió el fracaso en método. Laboratorios de Biológicos y Reactivos de México tiene una tarea simple: adquirir medicamentos para más de 26 instituciones del sistema de salud y hacerlos llegar a los hospitales, clínicas y centros de salud. Para abonar a las políticas de salud fallidas de la siempre auto justificada 4T, Birmex lleva tres años sin cumplir su deber. No es un matiz técnico, ni tampoco se trata de la curva de aprendizaje operativa por la que pasa cualquier nueva empresa. Es una cadena de errores documentados por la propia autoridad federal, con consecuencias contables en pesos y consecuencias reales en pacientes oncológicos que salen y vuelven a salir a la calle a exigir su tratamiento puntual.

El primer mega compra del sexenio, la consolidada 2025-2026, fue la mayor de la historia del sector salud. Terminó anulada. La Secretaría Anticorrupción y Buen Gobierno decretó nulidad total tras documentar que la licitación no cumplió la ley de adquisiciones: expedientes mal integrados, ausencia de evidencia de investigación de mercado, bases que no especificaban cantidades ni porcentajes, incumplimiento del reglamento. Sobre ese terreno se detectaron sobreprecios superiores a 13 mil millones de pesos. Cuatro funcionarios fueron removidos, incluido el director general, y una empresa proveedora quedó inhabilitada quince meses mediante circular publicada en el Diario Oficial.

Traducido, con el gasto per cápita que hoy destina IMSS-Bienestar a cada persona sin seguridad social —4 mil 225 pesos al año—, 13 mil millones equivalen a la atención anual de poco más de tres millones de mexicanos. Ese es el tamaño del sobreprecio que se intentó pagar con dinero público.

El IMSS canceló todos los contratos. Las instituciones improvisaron compras pequeñas, repusieron adjudicaciones y montaron una adquisición de emergencia para cuatro oncológicos urgentes. Pacientes con cáncer se manifestaron en varias ciudades del país. El sistema y miles de pacientes pagaron el precio de un expediente mal armado. 

El caso no es aislado parece una tendencia. En las compras consolidadas realizadas desde 2023, entre 42 y 60 por ciento de las claves quedaron desiertas. En el mejor de esos años, más de cuatro de cada diez medicamentos que el Estado quiso comprar no encontraron quién los vendiera en las condiciones fijadas. Cuando un comprador no consigue proveedores de manera sistemática, el problema no está en el mercado: está en quien diseña las reglas.

Y el expediente sigue abierto. Esta misma semana se informó que la Secretaría Anticorrupción investiga a Birmex por presuntas irregularidades en la adjudicación de contratos, entre ellos uno de 15.1 millones de pesos por material de curación y otro por 140 mil pañales desechables. Son montos menores frente a la mega compra y precisamente por eso resultan reveladores: sugieren 

Birmex ya corrige. La convocatoria 2027-2028, publicada el 16 de julio, incorpora candados razonables: constancia de cumplimiento de abasto para quien haya entregado al menos la mitad de lo comprometido en compras previas, primeras entregas topadas al cinco por ciento del volumen, hasta cuatro proveedores por clave, penalizaciones por incumplir órdenes urgentes. Son medidas sensatas. También son la confesión de que durante tres años se compró sin ellas. Y el fallo, previsto para mediados de este mes, ya arrastra dos meses de retraso frente al calendario original.

Mientras tanto, la aritmética del paciente no se mueve. Cero Desabasto acumula casi 13 mil reportes ciudadanos por falta de medicamentos desde 2019. El gasto de bolsillo de los hogares creció 41.4 por ciento entre 2018 y 2025. Siete de cada diez personas que necesitan atención médica la buscan fuera del sistema público.

Mañana cuando el Ejecutivo entregue el Paquete Económico 2027 volveremos a discutir cuánto crece el gasto en salud. Es la discusión equivocada. Un peso mal gastado no cura a nadie. Antes de preguntar cuánto se asigna, habría que exigir una respuesta pública y verificable sobre por qué la institución encargada de comprar las medicinas de México no ha logrado cerrar una sola compra consolidada sin anulaciones, retrasos o claves desiertas. Exigir cuentas no es hostilidad contra el gobierno: es la única garantía de que el próximo presupuesto llegue a la farmacia del hospital y no se quede en un expediente anulado.

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