septiembre 7, 2026

Monterrey: una ciudad nacida tres veces

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MONTERREY, NL.— La historia de Monterrey no comenzó de manera definitiva en 1596. Antes de que Diego de Montemayor estableciera la ciudad que conocemos hoy, el territorio había sido escenario de otros dos intentos de fundación que forman parte de una historia mucho más compleja que la tradicional celebración del 20 de septiembre.

El libro Monterrey 400: estudios históricos y sociales, de Israel Cavazos Garza y Manuel Ceballos Ramírez, publicado por la Universidad Autónoma de Nuevo León en 1998, reúne distintas aproximaciones a la evolución histórica de la ciudad y permite recuperar esa perspectiva de largo plazo.

De acuerdo con estudios históricos posteriores que retoman la historiografía regional, Monterrey tuvo tres fundaciones: la primera en 1577, cuando Alberto del Canto pobló el valle de Extremadura y lo denominó Ojos de Santa Lucía; la segunda ocurrió en 1582, con Luis de Carvajal y de la Cueva; y la tercera, en 1596, fue encabezada por Diego de Montemayor, quien estableció la Ciudad Metropolitana de Nuestra Señora de Monterrey.

La elección del sitio no fue casual. Los ojos de agua de Santa Lucía representaban una de las principales condiciones para la supervivencia de los primeros pobladores. En torno a ellos comenzó a organizarse el espacio que posteriormente se convertiría en el corazón urbano de Monterrey.

En la fundación de 1596, Montemayor trazó la plaza principal al norte de los ojos de agua de Santa Lucía. Conforme a las disposiciones urbanísticas de la época, alrededor de aquella plaza debían distribuirse las principales construcciones civiles y religiosas. La Plaza Mayor —también conocida como Plaza de Armas— estaba destinada a convertirse en el centro de la nueva población.

Pero la naturaleza también intervino en la historia de la ciudad.

En 1612, una fuerte inundación destruyó buena parte de las construcciones existentes y obligó a trasladar la plaza hacia un terreno más elevado, al sur de los ojos de agua. Ese espacio terminaría convirtiéndose en uno de los puntos fundamentales de la estructura urbana de Monterrey y, con el paso del tiempo, en la actual zona de la Plaza Zaragoza.

Así, la historia temprana de Monterrey puede leerse como una sucesión de intentos, desplazamientos y adaptaciones. No fue una ciudad que surgiera de manera instantánea, sino el resultado de un proceso en el que confluyeron intereses políticos, disponibilidad de agua, condiciones geográficas, conflictos y la necesidad de establecer una población permanente en una región fronteriza de la Nueva España.

Esa condición fronteriza marcaría profundamente el desarrollo posterior de la ciudad.

Con el paso de los siglos, aquella pequeña población fundada junto a los ojos de Santa Lucía se transformaría en un importante centro comercial e industrial. La posición geográfica de Monterrey, sus comunicaciones con otras regiones y, posteriormente, la acumulación de capitales y actividades industriales serían factores determinantes para convertirla en uno de los principales polos económicos de México.

Por eso, hablar de la fundación de Monterrey es también hablar de una ciudad que aprendió a sobrevivir.

La celebración del aniversario de la ciudad suele concentrarse en la figura de Diego de Montemayor y en el 20 de septiembre de 1596. Sin embargo, la historia documentada muestra un proceso anterior: dos fundaciones precedieron a la que finalmente logró consolidarse.

Cuatro siglos después, Monterrey conserva las huellas de aquel origen. Los antiguos ojos de agua de Santa Lucía, la traza alrededor de la Plaza Mayor y el posterior crecimiento urbano son capítulos de una historia que explica, en buena medida, la identidad de una ciudad que pasó de ser un asentamiento fronterizo a convertirse en una de las grandes capitales económicas del país.

Monterrey, antes de ser una gran ciudad, tuvo que aprender a fundarse. Y tuvo que hacerlo tres veces.

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