noviembre 7, 2026

La democracia también se pierde por omisión: Gustavo A Vicencio

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“No me preocupa el grito de los violentos, de los corruptos, de los sin ética. 

Lo que más me preocupa es el silencio de los buenos”.

Martin Luther King

      México está viviendo una de las etapas más delicadas de su historia democrática. El oficialismo ha emprendido una transformación que no se limita a cambiar leyes o modificar estructuras de gobierno: busca concentrar el poder político, debilitar los contrapesos y someter instituciones que durante décadas contribuyeron a construir un país más democrático. Lo verdaderamente preocupante no es solamente la ambición del poder, sino la pasividad de quienes deberían estar enfrentándolo. La lista es larga. Morena impuso la sobrerrepresentación en el Congreso, una distorsión que le entregó a su coalición más escaños de los que le dieron las urnas, y no hubo movilización, litigio estratégico ni presión social proporcional al agravio. Después vino la reforma judicial, con jueces y ministros elegidos por voto y tómbolas incluidas. Se desmanteló una carrera judicial construida durante décadas, y la oposición brilló por su ausencia. Los partidos opositores se limitaron a comunicados y a discursos en tribuna que muy pocos escuchan.

       Ahora llega otra prueba. Guadalupe Taddei dejó la presidencia del INE tras investigaciones de la ASF y la UIF, y la polémica escaló por adjudicaciones directas de insumos electorales a empresas presuntamente vinculadas con exservidores públicos del organismo. Su salida abre un proceso de sustitución en el que la Cámara de Diputados emite una convocatoria, se integra un Comité Técnico de Evaluación de cinco personas, tres propuestas por la Jucopo y dos por la CNDH, y ese comité selecciona a cinco aspirantes. Después, la Cámara buscará elegir a la persona titular por mayoría calificada. Y esa mayoría, conviene recordarlo, existe gracias a la sobrerrepresentación que nadie frenó. Las piezas están conectadas. El tiempo corre. Monreal estimó que el proceso podría tomar entre cuatro y cinco semanas. En ese plazo se decide quién arbitrará la elección intermedia de 2027, y sin embargo ni el PAN ni el PRI ni las organizaciones ciudadanas han presentado perfiles idóneos, personas sin militancia ni sesgo partidista que sean capaces de dar certeza a la ciudadanía.

      ¿Por qué esa pasividad? Hay varias explicaciones, y ninguna es halagüeña.

      Primera: los partidos opositores viven en modo de supervivencia. Con una representación mermada y liderazgos que no convencen, dan la impresión de que calculan cada paso por su costo electoral inmediato y no por lo que se juega a largo plazo. Al parecer les cuesta entender que defender las instituciones es la mejor estrategia electoral, porque sin árbitro creíble ya no hay elecciones que ganar.

      Segunda: la derrota anticipada. Muchos opositores asumen que el resultado ya está decidido y que proponer perfiles es perder el tiempo. Es una profecía autocumplida. Si nadie postula a personas de calidad, la mayoría oficialista no tendrá que explicar por qué las descartó, y simplemente designará a las suyas sin que le cueste nada.

      Tercera: la sociedad organizada se agotó o se fragmentó. Después de marchas multitudinarias que no cambiaron las decisiones del poder, cundió la idea de que la protesta no sirve. Pero la participación ciudadana no se reduce a marchar. También consiste en registrar candidaturas, observar cada etapa, documentar irregularidades y exigir transparencia en las entrevistas y las calificaciones.

      Cuarta, y la más grave: la costumbre de ceder. Cada concesión sin resistencia vuelve normal la siguiente. Lo que ayer habría escandalizado hoy se archiva como un trámite más.

      Hay salidas. Las barras de abogados, las universidades, los colegios de profesionistas y los organismos ciudadanos con trayectoria pueden integrar y publicar una lista de perfiles con experiencia electoral, independencia comprobable y sin vínculos partidistas. Los partidos pueden respaldarla sin apropiarse de ella. Si la mayoría oficialista la ignora, quedará documentado ante la opinión pública y ante cualquier instancia donde se dispute la legitimidad del proceso. Y si el procedimiento no concluye en tiempo, la Suprema Corte hará la designación por insaculación de la lista del comité de evaluación, razón de más para que esa lista sea de calidad

      Las instituciones no mueren de golpe. Se erosionan cuando quienes debían defenderlas deciden que no vale la pena el desgaste. México no necesita una oposición que lamente lo perdido, sino una que ocupe cada espacio que todavía queda abierto. La convocatoria está ahí, y el reloj también.

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